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sin maquillaje, traje ni peaje / sólo cráneo, espontáneo

.hey, votás a Ney?
o a Ana, manzana?
aunque ahora q pienso, hiedra, vos vivís en las Piedra
igual, Amadeo, no olvido q naciste en Montevideo
.a esta hora esto!
.soy una inspiración all day, vieja
.menos mal!
.menos mal?
es inhumana esta creación constante q me brota.. q menos mal, papá!
.que es siempre, no solo a esta hora
.esto es pa q te vayas con una morisqueta risueña a los brazos de Morfeo, feo
no me digas q escribís desde la ex de Ma Laura?
.aura
exacto, tacto
.q negociún te mandaster, master!
.esta bien si, aunque negocio habia sido con la anterior
.la q te pelaron, Aaron?
.la misma, Isma
.vos no te quedas atrás, fiera…
.para nada, ada
.hada va con hache, mapache
.si quiere puede ir como yo digo, Figo
.leíste la columna q de Varsky te mandé, la?
si nos vieran los de la mojigata dirían q le estamos robando, nando
aunque no, porque es parecido pero no igual… bagual
.si, muy buena, Hiena
.tamos on fire, Maguire
q cagada q tengo q pelarme pal sobre, pobre
si ahora no rimo más es una decepción, monte zion. pero conmigo mismo, sismo… vos no tenés nada que ver, heber
meté alguna si no queda como q hablo solo, manolo
sabés q? mi blog ta medio pobretón. hace pila q no escribo nada. tal cual como está, voy a poner esta charla amena, daley.
me das el visto bueno, moreno?
.dale, pasame el blog luego, abuelo
.dale, pero hay q darle un buen ci R, J..
ta fenómeno este ejercicio intelectual, pero ya estoy harto, lagarto
.andate a la catrera, helguera
.jaaa, excelente, gafas!
besos a los tuyos, cuyo
.igualmente, clemente
.fue un placer esto hacer
nos vemo, emo
.chau, guau guau!!
.uh... el perro y no le erro
.que otro si no, ca!

copiar y pegar

Llegaba como siempre en verano. Mal dormido, con temas rifados, sin expectativa de éxito, con el sudor cayéndome por la frente, por la espalda, por el pecho. Sobre todo por la frente. Nada auspicioso para mí. Nunca algo lo fue, pero esta oportunidad no era como cualquier otra.
La liga empieza dentro de un mes. A esa altura, era inútil lamentarse por el pobre desempeño realizado durante todo el año pasado, o apesadumbrarse por las trece oportunidades desperdiciadas. Si no salvaba este examen podía irme despidiendo, que no pisaría más una cancha de fútbol. Al menos con botines. Con tapones. De aluminio.

Me quedé repasando hasta tarde. Tomé unos cafés y almorcé. No había podido dormir la noche anterior (Última Oportunidad). Cuando liquidé la última bolilla, pensé conveniente para mi rendimiento que durmiese una siesta. Cortita.
No pude dormir. Estaba tensionado y contracturado. Nervioso y ansioso. Me bajé una mano y pude. La cátedra trata temas potables.

Ni complejos ni estupideces; algo no muy exigente. El examen se aprueba a probando el 80 % de los puntos. Formato: tema, sub tema y tres ternas de preguntas. Eso me parece bastante exigente.
Si caés en redundancia, si cometés una maldita y única redundancia, no te pasa nada. Está todo bien con las redun. Llegué en hora a la facultad, como siempre.
Me bajé último del bondi, como siempre.

Como nunca, me tocó uno de los salones más grandes de la facultad. Eso estaba bien.
Un flaco llamó a mi nombre empezando por mi apellido. Le entregué la cédula y entré.
Dentro, estaba el entregahojas.
Las tareas de un entregahojas son: entregar hojas, de la especie hoja de examen y de la especie letra de examen, indicar dónde sentarse, indicar dónde no sentarse, auxiliar y mirar. No sé quién le puso entregahojas.

Yo lo hubiese apodado mirón, o botón, o alcahuete o entregahojas.
Miré en general. El salón era inmenso, con el techo allá, bien arriba. Rápido, conté siete filas de asientos.
Se me indicó la cuarta fila empezando por la de las ventanas. Ahí me dijo el entregahojas, levantando las cejas. Cuarta fila, seis bancos detrás del primero.
Al igual que la dimensión del salón, aquella ubicación también estaba bien. Caminé entonces.

Fila 4, empezando por la de las ventanas, que era la misma si se contaba a partir de la fila que daba a la puerta del salón. No puede decirse que me tocó la fila del medio.
Caminaba despacio. Iba contemplando las caras de quienes rendirían junto a mí, mirando a izquierda y a derecha.
Suelo mirar a la gente a la cara, en la calle, en los exámenes. Me senté.
A mi derecha, una mujer bastante veterana parada, miraba impávida para afuera. No la había visto antes. Llevaba unos lentes baqueteados que se sostenían con una cadena plateada. Su pelo era enmarañado y voluminoso, morocho. En un momento se sentó, cruzó las piernas y a partir de allí, nunca más cambiaría de posición.
Del otro lado, un tipo que yo conocía. Habíamos cursado juntos la materia los lunes y miércoles, en horario vespertino. Los dos faltábamos poco.
Adelante, pelo tapándome la visión. Más tarde me enteraría que era un hombre de pelo largo.
Atrás, una bestia morochísima de ojos fulminantes que se partía como hachazo de escarbadientes. Llevaba chancletas y un lunar. Yo giraba el torso y cuello a la vez para verla. Por suerte esos ojos nunca me interceptaron. Eran fulminantes.
Lo tenía bien junado al tipo que estaba a mi izquierda. No me caía bien. Nunca crucé palabra con él. No me caía bien.

Alto, rubio, el pelo que no tenía eclipsaba y el corte de pelo que tenía se confundía con la barba que no tenía. La tez le brillaba de tan afeitada.
Cuando aparecieron los primeros calores noté que trabajaba su cuerpo. Eran impresionantes la espalda, su arsenal de musculosas, los tríceps, el andar erguido en un ángulo que hubiese apostado, lo habría calculado con escuadra.
A veces intervenía en clase con preguntas no muy brillantes. Quería figurar. Tal vez por eso no me caía en gracia.

El entregahojas llegó a mi fila. Le entregó el fajo al primero para que apartara su hoja y pasara hacia atrás. Observé hacia mi izquierda queriendo captar las reacciones de los que ya habían recibido la letra de examen. Considero esa información valiosa.
Un flaco de bermudas se paró y se fue; otro se rió; una pelirroja miró al techo como queriendo recordar; una muchacha agradable se sacó los mocos y los hizo pelotita.
El peludo de adelante dejó deslizar las hojas por su pelo lacio. Logré agarrarlas justo antes que cayeran al suelo. Separé la mía y pasé para atrás. Pedí para ir al baño. El entregahojas me lo prohibió.
Empecé a leer la letra, por el final, como nunca lo había hecho. Este era otro examen.

La última terna era una chotada. Creí que por eso, de los 100 puntos totales valía 5. Los catedráticos no sobresalen por su originalidad: la norma es -históricamente lo fue, cualquiera sea la materia- asignar el puntaje de los ejercicios en forma decreciente. En efecto, el tema era el de más.
No perdí tiempo. Di vuelta la hoja y lo leí. Un enunciado compuesto por dos oraciones. Un renglón.
Pensé en cuatro amigos para formar un cuadro de fútbol 5. No tenía chance. Martes o jueves; nada de domingos. Por la noche; ni pensar en la mañana. Césped sintético, una red en el cielo, con lo que me gusta la naturaleza. Estaba liquidado.
(40 pts) impreso al final del renglón. No me había rifado ese tema, tampoco devorádolo. Estaba a mitad de camino. Y estaba crudísimo.
Me desentendí. Mi capacidad no califica para defender un a mitad de camino. Olvidé la existencia del sub tema y de las otras dos ternas.
De caliente y triste, me puse a responder la última terna, completa. Antes, relojeé a la bestia de atrás.

Aunque era casi la siete de la tarde y bien podría haberme levantado e irme a hacer algo más productivo, decidí quedarme. No soy de los que aceptan la realidad y huyen. No soy de los que se paran ni bien reconocen el conjunto vacío que es la probabilidad de salvar el examen, entregan y se van, como hizo el desubicado de bermudas. Esta gente ignora que el destino es un segundo, y en un segundo mucho puede cambiar.
Como bobeando empecé a escribir (40 pts). Que ya tuviera 5 puntos asegurados me daba ánimo, pero como me lo daba me lo quitaba.
Por la huida de la presión logré algunas frases brillantes. Pero la mayoría eran mediocres, dignas de un escolar. Me dispersaba fácilmente.
A esa altura, ya se había consumido una hora y la veterana llevaba dos solicitudes de hojas. Aquellas piernas que no se movían y yo incrédulo. No entendía por qué no se acalambraba, o si así era, cómo hacía la veterana para disimular el hormigueo.
El pelado a mi siniestra la llevaba bien. Su ritmo de producción era estable y se mostraba muy concentrado, algo que no era tan así. La fuerza desmedida que usaba para escribir, casi agujereando la hoja, indicaba que pensaba en algo más.
Dos veces había mirado mi hoja casi vacía y en ambas había sonrojádose. A mí no me importaba que se riera de mí. Yo sólo pensaba en los domingos matinales, la gente yendo a la cancha con el vino bajo el brazo, los bocinazos, la vigilia del sábado, el papel higiénico. Un cóctel que ya no podría disfrutar. Este último año habíamos ascendido. Recordaba esto y me sentía peor.
Le pedí unas hojas al entregamismas para disimular.

Se me ocurrió hacer una canción, o un relato sobre el entregahojas, o redactar una carta que chorrease palabras de admiración respecto a la capacidad de la veterana para mover únicamente su mano derecha en una instancia como aquella. Haría las tres cosas. Ya no me importaba el examen. Pero decliné.
Volví a mi obligación, como siempre volvía a la mesa a terminar la comida que no me gustaba. Mientras corregía lo que había escrito iba recordando aquello en lo que el profesor había hecho hincapié, y lo escribía. A eso le sumaba lo que había estudiado y lo escribía. Así fui respondiendo, despacito, buscando palabras refinadas que llenaran el ojo, no tenía apuro. No me asía de ilusiones. Una hora y fuera.

Completa mi primera carilla, di vuelta la hoja para proseguir. Fue ahí cuando escuché el suspiro de la veterana. Inmediatamente interrumpí lo que estaba haciendo. Giré todo mi cuerpo y me puse a ver, sin cuidar formas.
La mujer hizo un breve repaso por las ocho hojas que había escrito. Tapó la lapicera y descruzó las piernas. Abrí bien los ojos. Me los refregué.
Se sacó los lentes, los guardó junto a sus otras cosas y se paró. Me froté las manos, como sacándome un frío inexistente, humedecí mis labios y tragué saliva. Saboreaba algo. Tenía platea vip. Acomodé bien el culo y esperé. Esa señora nunca se percató de mi invasión.

La veterana dio un paso; quiso darlo. Estuve a punto de aplaudir. La pantorrilla de la morocha cedió, trastabilló y toda su humanidad aterrizó contra la muchacha que estaba sentada delante de ella. Voló la cartera de la mujer. Volaron las hojas de la mujer. Los lentes de la chica. En la caída, luego de impactar contra la muchacha, su parietal derecho golpeó contra el borde de la silla. Se oyó un ruido seco.
El entregahojas se percató y corrió a su auxilio revoloteando las hojas. Le ayudó a levantarse y le ofreció una hoja para que se limpiara el hilo de sangre que corría por su mejilla. Ella no la quiso. No le agradeció. La mujer juntó las hojas y fue rápido hasta el escritorio. El entregahojas corrió detrás. Ella recogió su cédula y se fue, justo cuando el entregahojas se aprestaba a decirle algo.

Yo no podía más. Me descostillé de la risa hasta el malestar. Fueron diez minutos, desde que se paró hasta cuando casi parte la puerta del salón. Me dolía la zona abdominal, las mandíbulas, la zona pélvica. Se me partía la cabeza de la risa. Los ojos me ardían, quise salir a mear, tenía la garganta raspada.
Siempre me pasa esto cuando me río para adentro, pero nunca había alcanzado tal grado de sufrimiento. Pensé que podría ser mi sospecha, sino la convicción de que algo semejante le sucedería a esa mujer. Un vaticinio inconsciente que se había cumplido; una victoria.
Merecía festejarlo como lo hice. En aquel salón, nada más podría festejar. Quedé exhausto. Me dormí. Soñé en un examen.

Fue un sueño plácido. Tuve recuerdos pobres al despertar, pero de todas formas retuve un personaje claramente: una mujer mayor, muy parecida a la que se había hecho bolsa era la protagonista del sueño feliz. Yo reía todo el tiempo.
Desperté riendo, ya no para adentro.
El entregahojas me miraba como quien mira a un subnormal. Yo veía esa mirada y pensaba, no me gustaría ser entregahojas.
La imagen de aquella mujer despatarrándose no me daba tregua. Me resultaba imposible pensar que estaba dando un examen, qué examen. Y me reía, estúpido. La melena espesa yendo contra el piso, el desparramo oprobioso... recordaba y tosía de la risa. Eso me dio fuerzas. Volví a lo mío, cuarenta puntos.
Por entonces fue que me picaba la pierna derecha.

Incliné el torso para rascarme con mayor intensidad. Bajo mi asiento había una hoja. Una hoja, fue lo primero que pensé. Una hoja, lo segundo. Forcé mi espalda para ver mejor y rascarme más fuerte que antes.
Era una hoja escrita en su plenitud, una carilla tapada de tinta azul. Mía no era. Miré a los dos costados. El destino. Me sorprendió no haberme sorprendido por la llegada del destino.
Agarré la hoja, la así. Casi la arrugué. Me incorporé y la escondí entre sus nuevas compañeras. Y esperé.
Miré en derredor. A mi izquierda todo seguía igual: abstracción. Orejeé la hoja. Mi nueva hoja. Tenía unas cinco arriba de ella. No aguanté y la desnudé, groseramente. No había espacio que no estuviera escrito. En vez de ponerme a leer la di vuelta. Lo que pensaba.
De izquierda a derecha:

el número 3 encerrado en un círculo; Amandla Sarga; el número 2; un punto; el número 8; el número 2; el número 0; un punto; el número 0; el número 0; el número 6, un guión y el número 3.
En lo que sería un segundo renglón, esto:
partir de lo anterior. Optar por uno probo sería lo ideal. ¿Para quién? Para mí no lo es. Yo espero sin impor-
No podía ser más claro. Tercera hoja; la veterana se llamaba Amandla Sarga y su cédula sólo tiene números pares. Era clarísimo.

Las palabras de Amandla se referían al tema. No al sub tema. Lo supe porque coincidía con lo poco que yo había estudiado. Más claro, echale algo que aclare, pero no agua.
Se consumieron veinte minutos en los que leí la hoja de Amandla, la carcajada dos veces, lo poco que yo había escrito cuatro veces; comparé y copié, comparé y copié.
Fui cuidadoso. Cambié el orden de algunas oraciones, palabras. La prosa de Amandla se dejaba. Ideas inteligibles, predominante el pretérito, con algunas faltas que yo purgaría. Igualmente, no me ilusioné demasiado. Mi hazaña no se perpetraría con una única hoja. Hubiera sido más agraciado encontrarme tres hojas. Pegaditas, como si fuesen una. No me hubiera servido de mucho la hoja 7, o la 8. Quince minutos y fuera. No habría prórroga. A mí me daba igual.

Desde hacía un tiempo importante, el pelado escribía frenéticamente, como si recién empezase. Viendo aquel bracito me permití dudar de mi afirmación. Quedé mirándolo. De reojo primero. De frente después. No se inmutó. Aproveché y hurgué en su hoja. Llegaba a leerla perfectamente. Yo escribía en un banco para zurdos y él, a mi izquierda, en uno común. Tenía una letra hermosa.
Volví la mirada sobre mi hoja. No pensaba en el examen, ni cerca se me pasó la idea de copiarle. Simplemente no acreditaba al desquiciado que tenía al lado. Transpiraba. En aquel salón, la humedad y el calor eran insoportables, pero no era para tanto.
Fulgurante, la vena del cuello parecía que se le saldría en cualquier momento. Escribía algo y revisaba las hojas. Se les traspapelaban las hojas. Y todo con un aspecto de hombre manso, de hombre contradictorio. Por eso tampoco me caía bien.

Se me ocurrió que esa podría ser su última oportunidad también, que su estado podía deberse a eso. Tal vez su liga empieza dentro de un mes, o mañana mismo. No todos los organismos reaccionamos igual. Ese tipo, de a poco comenzó a agradarme.
No vio que yo le miraba. Ni cuando del giro brusco me sonaron los huesos del cuello, ni cuando quedé frente a su cara. Diez minutos y afuera.

Tenía que copiar, otra vez. Debía hacerlo. Tenía el destino en mi lapicera, y ésta en mi mano. Tenía mi destino en la mano. Cómo podría esquivar algo que ya me era esquivo. Era mi obligación ultrajar la letra y la bonhomía de ese hombre. Pensaba ya no en domingos otoñales sino en madrugadas soleadas, desprovistas de nube alguna. Pero me cagué. No copié un sorete.

La sentencia que me prometió ese animal me envolvió en un temor proverbial. De ninguna manera volvería a posar mis ojos en hojas ajenas.
Con la furia que me lo dijo. Las palabras que usó me asustaron ya en la segunda letra pronunciada. Me miró, sin remangarse, me copiás y te pego.

lapicera negra

El día estaba hermoso. La noche ya había caído. La noche estaba hermosa está mejor. El día propiamente dicho había sido hermoso también, pero la noche lo era más.

Que sea de noche hacía la vida hermosa. Igual a como lo hace ahora, aunque ahora no es de noche.
La noche es más hermoso que el día. Aunque la tarde no se queda atrás. Es hermosa, pero menos que el día y mucho menos que la noche.

Por la hermosura que se venía dando, sentados en uno de los sillones que tenemos en casa consideramos mi novia y yo oportuno aprovechar la noche que caería para salir a discutir afuera. Ninguno dudó. Es que se venía una noche hermosa.

Nora eligió el lugar.
Su acceso es restringido. No está permitido el ingreso de relojes, celulares, campanas, cámaras de video, así como tampoco el de cámaras de fotos, teléfonos públicos ni cualquier otro disfraz que no sea un disfraz de cédula, cuchillo, mitocondria o lobo feroz.
No es excluyente estar disfrazado para entrar.

Salimos y una luna gigante nos tapó de oscuridad. Las lunas nuevas son hermosas. Odio la luna gigante, que estropea la noche con su luz infidente. Como cuando parece que no hay no hay.

La pizzería que Nora eligió abre sólo en noches hermosas.
Al dueño le fascina cuando la luna está gigante, y se ve. Pero más disfruta viendo gente disfrazada de cédula, de cuchillo, de mitocondria o de lobo feroz.
Los mozos no trabajan disfrazados. Llevan un hermoso uniforme.

Yo elegí la persona que nos atendería. Nora me hizo ver que no necesariamente debía ser una moza. Había cinco. Dos mozas y tres mozos. ¡Qué uniformes!

La moza que elegí era hermosa. No podía desentonar con la noche que nos firmamenteaba, oscura, hermosa.

Lo discutimos y Nora estuvo totalmente de acuerdo con mi elección.

saqué la foto

Aparte de una jeringa contaminada, lo peor que te puede pasar es que las amigas de tu novia estén mucho más fuerte que tu novia.
Ves a las amigas y crees en la suerte. En la mala suerte. Por qué tan afortunado en ciertas cosas.
Pensás en los novios de las amigas de tu novia y te sentís un poco mejor.
Deben pensar lo mismo que yo: qué fuerte está la amiga de mi novia, que seguro no es tu novia sino otra amiga, amiga de tu novia también.

Acabás de pelearte con tu novia. Un amigo tuyo tiene novia. Esa novia tiene una amiga que se parte y está sola.
Lo mejor que puede pasarte es ennoviarte con la amiga de la novia de tu amigo, y a la semana decirle a tu amigo para meter un Cambio Zito, el cambio más confiable con los guardias de seguridad menos confiables.

Ahí se abre el gran debate.

¿Qué es el destino? ¿Cuánto cuesta lo gratuito? ¿Mientras tanto tendría que ir dentro de los signos de interrogación si quiero preguntar mientras tanto qué hago? ¿Sin coma?
Nada tiene que ver esto con el gran debate. Estas preguntas son sólo lo sonso.

Aparte a su novia de su mejor amiga si quiere evitar el sufrimiento.
Es probable que esa mejor amiga sea una criatura macabra, petisa como una mesa ratona, de ojos saltones, patizamba, típica del oriente del río Uruguay.
También, se presume que esa especie de gnomo peludo hable pestes de su mejor amiga (su novia) por estar, también se avizora, fuerte como tijeretazo de frenillo.
Fuerte como tijeretazo de frenillo comparándola con esa figura siniestra.

Seguro, su novia no es otra que una flaca sin gracia, sin cachas, sin pómulos prominentes, de la que uno no puede asirse ni del pelo porque debido a su espíritu marimacho lo usa bien corto.
Al lado de ella, la mejor amiga debe estar fuerte como parir quintillizos.

estábamos viendo si salía

Y de repente, apagón. Ninguno de los cuatro se sorprendió por eso. Era tremenda tormenta la que estábamos sufriendo hacía ya, dos días.
El apagón es un traidor. No te avisa que está por llegar, y el que avisa no traiciona. No prendimos velas; ninguno de los cuatro fuma.
Revisamos los cajones de la cocina, los cajones del cuarto y los del baño, en busca de velas. Encontramos cinco. Las prendimos, las cinco.
De repente, apagón de velas. Nada más pudimos hacer, salvo acostarnos.
Al otro día seguíamos sin luz. Eso nos privaba de algunas cosas: no podíamos prender la luz, usar el calefón, ver la televisión prendida, apagar la luz.
Eso sí, teníamos luz natural. Y no quedaban vestigios de temporal. El sol enceguecía y picaba. Nadie precisaba prender la luz, ni bañarse, ni encerrarse a embobarse.
Nos fuimos de casa. Soledad se quedó.

oxímoron

Recordaré cada día. Todos los días lo haré.
Morderé mi labio inferior para no discarte. Morderé el superior luego, cuando el inferior haya empezado a sangrar.
Te soñaré, recurrentemente cuando pueda dormir. Cuando no lo logre recordaré.
Despertaré en la noche, por el frío que traerá tu ausencia. Mis tibias ya no chocarán con las tuyas. Mi lecho ya no será el nuestro. No serán atalayas las cortinas. En mi aposento nadie espía si estoy solo.
Aspiraré la sábana hasta el vahído buscando tu olor y recordaré tu olor al pasar, tu olor al pasar corriendo.
Caminaré sin rumbo. Me detendré. Entrecerraré mis ojos y miraré hacia la lontananza para recordar. Y caminaré luego.
Recordaré cada día. Prescindiré de fotos, de cartas, de cuadros. Sólo recordaré con los ojos cerrados, con la mente que no ve. Recordaré con los ojos abiertos también.
Respiraré torpemente cuando la aflicción me gane. Acomodaré mi semblante, desataré el nudo en mi garganta con un cimbronazo para seguir. Gritaré. Fuerte.
Mentiré cuando diga que estoy bien. Estaré bien cuando recuerde.
Recordaré cada día. Viviré así. Sobreviviré. No evadiré ninguna realidad porque mi realidad será el recuerdo. Desayunaré tostadas con mermelada de recuerdo; almorzaré guiso de recuerdo; no merendaré y cenaré pollo al recuerdo con papas al horno. Mascaré chicle cuando no quiera comer, sabor recuerdo. Trabajaré en el canal 5.
No compartiré mi dolor. Fingiré una estabilidad emocional. Lloraré en una plaza, acostado en el pasto hasta que se humedezca toda mi cara.
Te imitaré. Tus gestos, tu voz, tu andar, tu silencio, tus peinados, tus poses al dormir, tu temperamento emularé, y así recordaré.
Recordaré cada día. Escracharé mi mente para recordar cada detalle, hasta lo residual recordaré. Y fumaré para ya no recordar. Cuando quiera recordar nuevamente, tal vez fumare también.
Brotará mi olvido sólo cuando se me extirpe la memoria.

aprovechando la vigilia

fati grillo mosstrame el regisstro - chino ay esa cruz en el pecho - chancho jabalí - flautera - harry ay ay ay esa cruz en la mano - flautera grande - milbur - nando eonza - ace ventura se juntó el ganado - pocha - enriqure - los fisherman - fat lora te salgo de testigo - sambra grande - P2 - sapo te levantaste a olga - olga - monster incorporation - culiteti - rossana taddei - rosina teddoy - pepipe de pepa - patoaparato - juntagente - vítor ako di qué - bomba - para bailar esto - pedos - andres el maquinitero - boniato parodi - mijail el mozo de andrea - dina - mateo mímoan cómpani - rinaldi - ventura - titanes - peter - piter - peter canta canta mia yenchi - tetán - el titán - miliquituli - diegote - familia julito - gloria boya - cirrosis - pelado bocho - lecuquia - ronnie con las ganas te quedaste - las hermanas Ganas - santiago latínperes - javoncha - tic - pizzano - pisano - el vino que le dimos - saper este país de mierda por qué no nací en suecia - manso mucho mancuerna - margarita quérrisa - mansa este año no salgo - celia lárgalos largá lospostres etc - miliquituli chico cobrador de nafta rata - corridas - ester felman decime quién te coge que le chupo la garcha - carlevaro avaro te manosea - heinz - mano - sea - sgoorlo ganas al perro - polo - tío marcel tirá un poett algo - barbilla - cofradía melliza - belela hay que dejar a polo ir a jugar al fútbol a la hora de la siesta - dodigo colón - los curros original curro curro chico hero puch caclorda micky - laila uau - papone - cadena andebu - tinchoso sociedad anónima - paola rayada como zanahoria - pao la raya da como pa cuatro - vacuta - paloma coma huevo - pocas - chancha en cunetas me revuelco - las restorán restorán chico profesora de aritos restorán del medio poca pigmentación bici parada naranja restorán grande me fueron a buscar al lado - seba pirañón - tania equinocuco - mi caballo cocu - lucía ló haceme ese baile que tan copadito te queda - vándalo - china no podés yacustó - la china no le hacés asco a nada - curpi -inter - ripi - alfabeto - ignacio nicolás pica detrás de la radio y a tomar la leche - momia gómez - groffy - rusa - ñoño harry no te banca - la enfermera de san luis - la novia del marta vida y obra del curpi - surubín tento - cochenko - el fantástico - raspador sincero lo velaste en el toque de lavela - toto - barraquita - espósito cuándo las fotos - pipo - toalien - rif - pipita si no hubiese sido por la imprudencia de larry - pipo carolo - larry pateador de perros cajetilla - barraquito cobrás por entregar hojas en los parciales de una facultad - puchito - fincho ¡no te cruces en cámara! - carros - la moco - murdoc un hijo tuyo internado y a vos se te enfria el asado - pomelo salus - mariamilia sueño - tota la captura con sgoorlo - stephanie faltaste sin aviso dijiste a qué hora empieza a las 9 si 9 y cuarto no llegué arranquen - cata debes entender el divorcio - sebita por esto - flaco conde ipanema rally - flaca varela un cigarro - melmack - flaco mazok te quedaste con la elba - guti no podés separarte - fabiana el ñoño duerme afuera con los panchos - recorrida - yuber - gidu - camionetas - chimenea - cuyo en tu culo me sambuyo - flauta - sieteculos - bicicletas - carolina el ripi te abordó - parrilla - maranga pensar - andrea de pendeja debés haber estado fuerte como pelotazo de polo en el bajovientre de la mujer - discípulos del manso - marta no podés con esas várices - ana diver - calcomanía - la isla - sandra te morís de ganas por anotarte en turismo - urso te mexicaneó pepipe - porteña no entregaste la cloaca pero igual te partieron como un queso mandá un mail puta - porteña fea pedazo de brisca alzada te cepillaste medio balneario mas nunca el comedor te canta más que a un jabalí dijo el harry querés chicle no quiero un cigarro no fumo mi vómito no te agradezco le diste al ronnie al fati al chino al milbur al nando al enrique al polo al curro al curro chico al vándalo al harry a latín al micky al groffy al peter al murdoc al inter a lecuquia al sieteculos al diegote al pirañón y al tejera - amiga della porteña fea lisa simpson más puta que la della giovam paola no puede entrártese - nadie leyó fati grillo mosstrame el regisstro guión chino ay esa cruz en el pecho guión chancho jabalí guión flautera guión harry ay ay ay esa cruz en la mano guión flautera grande guión milbur guión nando eonza guión ace ventura se juntó el ganado guión pocha guión enriqure guión los fisherman guión fat lora te salgo de testigo guión sambra grande guión P2 guión sapo te levantaste a olga guión olga guión monster incorporation guión culiteti guión rossana taddei guión rosina teddoy guión pepipe de pepa guión patoaparato guión juntagente guión vitor ako di qué guión bomba guión para bailar esto guión pedos guión andres el maquinitero guión boniato parodi guión mijail el mozo de andrea guión dina guión mateo mímoan cómpani guión rinaldi guión ventura guión titanes guión peter guión piter guión peter canta canta mia yenchi guión tetán guión el titán guión miliquituli guión diegote guión familia julito guión gloria boya guión cirrosis guión pelado bocho guión lecuquia guión ronnie con las ganas te quedaste guión las hermanas Ganas guión santiago latínperes guión javoncha guión tic guión pizzano guión pisano guión el vino que le dimos guión saper este país de mierda por qué no nací en suecia guión manso mucho mancuerna guión margarita quérrisa guión mansa este año no salgo guión celia lárgalos largá lospostres etc guión miliquituli chico cobrador de nafta rata guión corridas ester felman decime quién te coge que le chupo la garcha guión carlevaro avaro te manosea guión heinz guión mano guión sea guión sgoorlo ganas al perro guión polo guión tío marcel tirá un poett algo guión barbilla guión cofradía melliza guión belela hay que dejar a polo ir a jugar al fútbol a la hora de la siesta guión dodigo colón guión los curros original curro curro chico hero puch caclorda micky guión laila uau guión papone guión cadena andebu guión tinchoso sociedad anónima guión paola rayada como zanahoria guión pao la raya da como pa cuatro guión vacuta guión paloma coma huevo guión pocas guión chancha en cunetas me revuelco guión las restorán restorán chico profesora de aritos restorán del medio poca pigmentación bici parada naranja restorán grande me fueron a buscar al lado guión seba pirañón guión tania equinocuco guión mi caballo cocu guión lucía ló haceme ese baile que tan copadito te queda guión vándalo guión china no podés yacustó guión la china no le hacés asco a nada guión curpi guión inter guión ripi guión alfabeto guión ignacio nicolás pica detrás de la radio y a tomar la leche guión momia gómez guión groffy guión rusa guión ñoño harry no te banca guión la enfermera de san luis guión la novia del marta vida y obra del curpi guión surubín tento guión cochenko guión el fantástico guión raspador sincero lo velaste en el toque de lavela guión toto guión barraquita guión espósito cuándo las fotos guión pipo guión toalien guión rif guión pipita si no hubiese sido por la imprudencia de larry guión pipo carolo guión larry pateador de perros cajetilla guión barraquito cobrás por entregar hojas en los parciales de una facultad guión puchito guión fincho ¡no te cruces en cámara! guión fue esto guión carros guión la moco guión murdoc un hijo tuyo internado y a vos se te enfria el asado guión pomelo salus guión mariamilia sueño guión tota la captura con sgoorlo guión stephanie faltaste sin aviso dijiste a qué hora empieza a las 9 si 9 y cuarto no llegué arranquen guión cata debes entender el divorcio guión sebita por esto guión flaco conde ipanema rally guión flaca varela un cigarro guión melmack guión flaco mazok te quedaste con la elba guión guti no podés separarte guión fabiana el ñoño duerme afuera con los panchos guión recorrida guión yuber guión gidu guión camionetas guión chimenea guión cuyo en tu culo me sambuyo guión flauta guión sieteculos guión bicicletas guión carolina el ripi te abordó guión parrilla guión maranga pensar guión andrea de pendeja debés haber estado fuerte como pelotazo de polo en el bajovientre de la mujer guión discípulos del manso guión marta no podés con esas várices guión ana diver guión calcomanía guión la isla guión sandra te morís de ganas por anotarte en turismo guión urso te mexicaneó pepipe guión porteña no entregaste la cloaca pero igual te partieron como un queso mandá un mail puta guión porteña fea pedazo de brisca alzada te cepillaste medio balneario mas nunca el comedor te canta más que a un jabalí dijo el harry querés chicle no quiero un cigarro no fumo mi vómito no te agradezco le diste al ronnie al fati al chino al milbur al nando al enrique al polo al curro al curro chico al vándalo al harry a latín al micky al groffy al peter al murdoc al inter a lecuquia al sieteculos al diegote al pirañón y al tejera guión amiga della porteña fea lisa simpson más puta que la della giovam paola no puede entrártese

que lo cuente

Ya en la época jurásica el tema era motivo de análisis y discusión. Multitudinarios debates se celebraban alrededor de fogones con la finalidad de establecer un marco conceptual y así acabar con los desaires, los actos discriminatorios y las miradas feas. Qué es. Qué no. ¿Hay algo que lo sea?; eso se debatía.
Lejos de algún consenso, esas reuniones lograban furiosos mano a manos, generalas sin parangón y desleales cuatro contra uno. El saldo era litros de sangre, miembros víctimas de ablaciones arteras y cuentas pendientes. Tampoco se discutía, sobre nada. Esto hacía que no se lograse ningún tipo de consenso.
Los herbívoros, sabidos pacíficos, miraban desesperanzados las trifulcas, a la vez que amenizaban rasgando una que sepamos todos. Ellos tampoco tendrían la respuesta.
Al igual que en aquella época, hoy el anormal, el cojo, el ciego, el manco, el que se inmola, tener tele binorma, el herbívoro que no sabía rasgar, el enano, el tartamudo, el gigante, el obsesivo compulsivo, la (tener) gigante, el retrasado mental y el que llegó tarde al reparto de sesos (el mental retrasado), el que no le gusta el chicle y el pan, el coprófago, el disléxico, el indigente, el que se le cae la baba, el obeso, el metalero, el tachero y el profesional tachero, masturbarse en público, el fumeta, el autista, el fanático de los autos, el hombre constipado, ir hasta la esquina para cruzar la calle, el dependiente, el que alucina, ir hasta la esquina donde está el banderín del corner para cruzar a Lacalle que la está aguantando en los descuentos, el alcohólico, el que toma, el eremita e hiperactivo a la vez, cuestionar la normalidad, el delirante, el que se pasa, el violento, el zezeozo, el que tiene vegetaciones, el que pasa, el unipolar y el que no se automedica se dice, no es normal. Salvo el que se inmola, que luego de perpetrar la retirada ya no es.
Ya en la era moderna, tampoco hubo debate alguno. Hasta el cuarenta y poco, cuando con la complicidad de la vieja el viejo Aleandro concibió a la Norma, y sólo ella supo el dictamen. Qué es. Qué no. O si hay algo que sea normal.
Sólo NormaLeandro sabe qué es NormaL.